Esta entrada tiene mucho que ver con la entrada anterior (me explota un narcisista), aunque con diferencias. La escisión entre razón y emoción parece estar en la base de la psicopatía como en el narcisita, aunque en este siempre esta vinculado a la legitimación social, aclamación y admiración de los otros (burbuja narcisita). El psicopáta pone en primer lugar su placer de forma más orgánica, y puede o no necesitar una burbuja social, para sus fines.

El pensamiento en el psicopata es racional y pragmático, se centra en los propios intereses, es indiferente a las consecuencias de sus conductas, y el daño que pueda causar con ellas. Esta manera de ser coincide plenamente con el espíritu del capitalismo actual y el funcionamiento económico moderno. Cuando leemos sobre las características sociales de la persona psicópata, sobre todo aquellas que hablan de normas, ausencia de remordimiento y culpa, no podemos impedir pensar en el funcionamiento político y económico del capitalismo actual. Cuando vemos que en estas personas domina la lógica pragmática para conseguir sus objetivos (el fin justifica los medios), no podemos por menos pensar en las grandes empresas y corporaciones. Cuando vemos que las personas no importan en absoluto, pues sólo nos ven como meros objetos o instrumentos (Piñuel, 2008).

El ser humano no importa al capital. El dinero no tiene ni ética ni moral.

Donde nos socializamos es esencialmente psicopático, nos enseñan que lo único que importa es lo que nos aporta dinero, con teorías Maltusianas que explican que la tarta sólo se la reparten los mejores, los otros sobran. Una persona normal tiene muchas posibilidades de tener conductas psicopáticas en esta cultura para poder adaptarse y sobrevivir. Por tanto existe una convergencia de los valores psicopáticos y los valores de la sociedad Moderna.

Psicópatas y la sociedad moderna

Nos preguntamos como una persona normal puede llegar a hacer atrocidades y luego volver a su casa y dar un beso a sus hijos, como se lo preguntaba Hanna Arent en su libro “la vanalidad del mal”. La explicación esta en la disociación entre la razón y la emoción: “yo tengo que hacer esas atrocidades porque toca, es lo que hay, no hay otra posibilidad”.

Además vivimos en una sociedad que favorece el desarrollo de un narcisimo social, inoculando al niño desde pequeño la necesidad de éxito, apariencia y notoriedad social. En resumen estamos enculturados y socializados en valores psicópatas.

Tal como nos ilustra Piñuel (2008), gracias a la religión sacrificial de la economia, cuyo dogma sagrado es la racionalidad instrumental, cualquier persona normal se puede convertir en un psicópata sin necesidad de que intervenga su genética.


PSICOPATÍA: PANDEMIA DE LA MODERNIDAD

Inmaculada Jáuregui Balenciaga
Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Pdf iconoResumen.– La psicopatía parece ser una patología consustancial a la modernidad, profundamente ligada a los “valores” económicos, que va filtrándose en la cultura, convirtiéndose en el modelo de éxito y poder a imitar y socavando las estructuras sociales y políticas, devaluando así la idea de democracia. Más allá del diagnóstico psiquiátrico, hoy extinto, la psicopatía emerge como un problema social en expansión, caracterizado por una crueldad hacia lo humano, fruto no sólo de una constante trasgresión de las normas sino de una perversión de la ley en beneficio propio. El origen de esta pandemia, generadora de una violencia sin precedentes, podemos situarlo en el espíritu protestante del capitalismo y su ulterior desarrollo.

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